●Escrito por S.M. Afonso, para todos aquellos que atesoran, medallas de tenacidad y superación●
Existen millones de personas ciegas por el mundo y sus ojos están perfectamente sanos. Pero la oscuridad que prevalece dentro de ellas, es desmesuradamente mayor que la nebulosidad de unos ojos inservibles.
Ser invidente o parcialmente, ciego, es como adentrarse en un ensordecedor parque de atracciones. Una vez que adquieres y pagas tú entrada, ante nosotros se desencadena una maratón incesante con nuestras pesadillas más comunes. Esas que guardamos con recelo en el desván de nuestros miedos. De nuestras debilidades… De nuestras inconfesables inseguridades. Y las vigas que deben mantener en equilibrio nuestro raciocinio, se desmoronan. Quedando reducidas a escombros.
Un verdadero estropicio, que irremediablemente galardona y despliega, la más deslumbrante de las alfombras rojas, a nuestros demonios internos para que paseen a sus anchas ante nuestras narices.






