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12 ene. 2012

Elena Yagües - La Bienvenida


Llamando…

Esperó a que el teléfono estableciera la conexión, pero antes de que el primero de los tonos resonara en sus oídos, colgó. Otra vez. Llevaba más de una hora esperando sola en aquella habitación, recorriéndola de arriba abajo. Sopesando la posibilidad de llamarle o no. Los nervios eran muchos y muy agobiantes, solamente superados por las ansias y la necesidad de cumplir por fin el más anhelado de sus deseos.

Conocerle.

Había llegado antes de lo previsto. Su vuelo se había adelantado y esto le dio margen para tranquilizar sus más que alterados nervios con un buen chocolate caliente, tomado en la misma cafetería del aeropuerto. Tiempo de sobra también para buscar un taxi que la llevara sin dilación al hotel en el que, una semana antes, había reservado una habitación para su encuentro.

Una habitación extraña, en una ciudad extraña y esperando a un… ¿Desconocido?

Visto desde esa perspectiva parecía una completa locura. ¿Cuánto hacía que le conocía? Años ¿Cuánto hacía que hablaban por internet? Meses ¿Cuánto hacía que planeaban verse? Semanas ¿Cuántas veces lo había tenido cara a cara? Nunca. Jamás le había visto en persona. Aunque realmente esto no tenía ni la más mínima importancia. Cuando se trata de cumplir un sueño, el tiempo y el espacio son totalmente irrelevantes.

Irrelevantes y relativos, pues cuando volvió a mirar la hora de su teléfono móvil solo habían pasado dos interminables minutos. Su dedo osciló entre la tecla de rellamada y la de colgar. Lanzó varios bufidos al aire intentando calmar el alocado galope de su corazón.

Sabía que aun era pronto, él tenía la salida programada para algo mas tarde. Y era perfectamente normal que aun no llegara. Y también que no hubiera vuelto a comunicarse con ella después de recibir un sms suyo la noche anterior, deseándole un buen viaje y augurándole que por fin se verían al día siguiente.

¿Perfectamente normal? Si, claro. ¿Acaso ella había vuelto a ponerse en contacto con él después de responderle al sms con un “Que duermas bien, mañana nos vemos amor”? No, ella tampoco había vuelto a hacerlo. Ni cuando salió de casa rumbo al aeropuerto, ni cuando embarcó antes de tener que apagar el teléfono, ni cuando llegó a la ciudad, ni cuando entró en la habitación del hotel.

Pero ahora se apoderaba de ella la imperiosa necesidad de saber que estaba en camino, quizá incluso llegando. Que no se había arrepentido esa misma noche y que en estos momentos estaba tirando de su maleta de fin de semana, rumbo a la dirección que ella misma le había facilitado días antes.

Volvió a posar su dedo en la tecla de llamada, decidida a realizarla de una vez por todas. Pulsó lanzando un sonoro suspiro y se llevó el auricular a la oreja.

Un tono. Por lo menos tenía el teléfono encendido. Buena señal.

Dos tonos. Estaría buscándolo en el bolsillo de la chaqueta. Paciencia.

Tres tonos. ¿Por qué no lo llevaba en la mano? Ella lo había tenido entre los dedos todo el trayecto.

Cuatro tonos. Mierda. No iba a venir. No estaba de camino. Se había echado atrás.

Cinco tonos. Cuelga, ya no hay nada que hacer aquí…

- Hola pequeña…

- Joder… - de tan fuerte que agarraba el aparato podría haberle reventado entre las manos – casi me da algo esperando que descolgaras.

- Lo siento, no encontraba al maldito.

- ¿Estás en… camino? – cerró los ojos con fuerza conjurando la respuesta que quería.

- En realidad no, verás… he tenido un pequeño problema y…

- Mierda, lo sabía – perdió la fuerza de las piernas y se sentó en una silla cercana llevándose la mano libre a la cabeza con pesar – Te has arrepentido… no vas a venir.

- No me he echado atrás. Es solo que no puedo ir de camino porque…

- No sé si quiero saberlo… - interrumpió.

- … ya estoy aquí – dijo terminando su frase.

- ¿Que ya estás en la ciudad? – abrió los ojos de golpe, creyendo haber oído mal.

- Eso mismo… – el tono irónico de sus palabras sonaban a bromita inocente – No puedo estar de camino porque ya estoy aquí, cariño. Concretamente en Candem Town.

- Puñetero… - recriminó no sin cierto rencor.

- Y lo que a ti te encanta… - dijo poniendo la voz algo más ronca.

- Vale, ya estás aquí – tuvo que cambiar de tema para que su mente no empezara a volar incentivada por el sonido de su sensual voz – entonces si estás en la ciudad ¿Cuál es el problema?

- Pues… - seguía hablando de esa manera tan sugerente que sabía que hacía estragos en ella.

- Pues… - imitó su tono pero sabía que no tenia nada que hacer. Él era el experto en descolocarla.

- Resulta que no sé donde puse el papelito con la dirección del hotel… asi que vas a tener que guiarme, cielo.

- ¿Perdiste la dirección? –podía adivinar su traviesa sonrisa decorando sus maliciosos labios.

- Un poco… - volvió a bajar el tono de manera escandalosamente sexy – lo siento.

- Vaya, vaya… creía que tenias buena memoria…

- Y la tengo, ya lo comprobarás – el silencio al otro lado de la línea le revelaba que conseguía el efecto que buscaba en ella – y ahora… ¿tengo que ir buscándote hotel por hotel hasta que te encuentre o vas a guiarme hasta ti?

- La madre que te… - maldijo lo fácil que conseguía hacerla reaccionar al sonido de su susurrante voz. Y no iba a ponérselo tan fácil… – no sé donde está Candem Town, ni conozco la ciudad – se esforzó por parecer indiferente - Creo que deberías acercarte a un punto de inf…

- Shhh… tranquila – volvió a susurrar sabiendo que eso la encantaba – solo dime el nombre del hotel y deja que yo me ocupe de lo demás.

- Uhmmm… pues… - su mente ya volaba pensando en él - es el Grange St. Pa…

- St. Pauls Hotel, cierto. Ahora lo recuerdo… - se separó el teléfono un poco mientras levantaba una mano - ¡¡Taxi!!

- Está cerquita de la catedral y… – tragó con dificultad mientras oía como el taxista le daba las buenas tardes y preguntaba por el destino.

- Un segundo cielo, no cuelgues – le dio la indicación al hombrecillo y preguntó - ¿Tardaremos mucho en llegar?

- Apenas diez minutos, señor – respondió el hombrecillo.

- ¿Has oído eso, preciosa? – el motor rugió poniéndose en movimiento.

- Lo he oído… - los diez minutos que la quedaban de cordura. Luchó por mantener a raya las ganas de gritar.

- ¿Quieres que sigamos hablando o colgamos y te relajas un rato hasta que llegue?

- Mejor hablamos – dijo después de carraspear intentando recuperar su verdadero tono de voz – si me cuelgas ahora corro el riesgo de infartarme de muerte en estos diez minutos más que tengo que esperarte.

- Como quieras… - dijo acomodándose en el asiento - ¿Estás bien?

- No. Estoy muerta de miedo – y era la pura verdad. Seguía sin poder ponerse de pie.

- Tranquila, que no soy tan feo – bromeó intentando aliviar sus nervios – además, voy a ser bueno y no te pondré en ninguna situación incómoda.

- ¿Bueno? ¿Tú? – preguntó visiblemente más relajada – que nos conocemos y de bueno tú no tienes nada…

La sonrisa de él apareció en sus labios mientras veía pasar la ciudad a través de la ventanilla del taxi. De pronto un frenazo brusco y el estridente sonido del claxon resonaron en el habitáculo…

- ¡¡Ehh!! – se quejó dando un bote en el asiento trasero por lo inesperado del movimiento.

- ¿¡Que ha sido eso!?- preguntó ella al otro lado de la línea.

- ¿Puede ir con mas cuidado, hombre? Que quiero llegar vivo…

- Perdone – se disculpó el conductor – el estúpido ese se saltó el Stop…

- ¿¡Qué pasa!? – elevó el tono algo nerviosa.

- Nada, que aquí la gente conduce fatal…

- Dile al taxista de mi parte que como se le ocurra tener un accidente contigo a bordo soy capaz de buscarle por todo Londres para rematarle si sale ileso del accidente.

- Jajajaja… te creo capaz – volvió a bajar el tono después de escuchar un suspiro al otro lado – y dime… ¿Estás ya en el hotel?

- Si, llegué hace un rato…

- ¿Mucho rato? – preguntó arrastrando las palabras.

- Adelantaron el vuelo y… - necesitó parar para tragar y coger aire – llegué antes de lo previsto.

- Uhmmm… interesante – elevó la vista para ver a lo lejos las torres de la catedral – supongo que entonces ya lo tendrás todo preparado para recibirme…

- No he preparado nada, pero… - ella también podía jugar con su voz – se aceptan sugerencias… ¿Alguna petición?

- Yo no hago peticiones cariño - el taxista estacionó en la entrada al hotel - lo que quiera lo tendré en menos de dos minutos.

- Bueno… pero antes de eso… - se oyó ruido en la línea – …tendrás que llegar ¿no?

- En ello estoy - pagó al taxista dándole las gracias y salió del coche para quedarse parado en la acera oyendo como seguía escuchándose un extraño ruido al otro lado - cielo ¿qué estás haciendo?

- Preparando tu bienvenida – dijo sugerentemente - ¿No querías… un buen recibimiento?

- Habías dicho que no tenias preparado nada – comenzó a andar a paso ligero hasta la entrada del hotel.

- He cambiado de opinión…- oyó su ronroneo de satisfacción - ¿Tardarás mucho más?

- Lo que tarde el ascensor, preciosa…

- Mmmmm…. Creo que no puedo esperar.

- ¿Era la habitación…? - esperó su respuesta, pero solo oyó sus juguetones sonidos - ¿216?

- Tal vez si… tal vez no…

- Cariño, no quiero ser el responsable de que a alguien le de un ataque al corazón cuando aporree su puerta a lo Picapiedra…- sonrió imaginando la estampa - si me equivoco puede resultar algo… violento.

- ¿Vas a aporrear la puerta? – preguntó con malicia - Mmmm… eso suena genial…

- Dime el número… - amenazó veladamente.

- No – sentenció altiva – tendrás que hacer memoria.

- Maldita… - pulsó el botón del 2º piso – esto te va a costar caro…

- Eso espero… - su pícara sonrisa le llegó alta y clara – y ahora te cuelgo, que tengo que ultimar algunos detalles.

Y sin esperar a que pudiera responder cortó la llamada, justo cuando las puertas del ascensor se abrían en la segunda planta. Salió y miró a ambos lados del pasillo. Se encaminó hacia el derecho que era donde indicaba el directorio que estaba la habitación 216. Esperó haber acertado con el número, pues en caso contrario iba a encontrarse en dificultades.
Cuando dio con la puerta dejó la maleta a su lado y se pasó la mano por el desordenado pelo, en un ligero arranque de nerviosismo. Se estiró en toda su estatura y soltando un resoplido golpeó levemente la madera con los nudillos.

Nada.

Volvió a golpear con más fuerza, haciendo más sonora la llamada.

Silencio.

¿Se habría equivocado? No lo creía. Estaba cada vez más seguro de que era la habitación correcta. Miró el pomo y llevó su mano hasta él. Probó suerte por si estuviera abierta.

Y lo estaba…

Abrió una rendija para descubrir una oscuridad total. El corazón empezó a martillarle en el pecho.

- ¿Cielo? – preguntó con cautela avanzando un par de pasos en la negrura que lo rodeaba.

- Entra y cierra la puerta…

La voz le hizo dar un leve respingo, sonaba diferente a cuando la escuchaba por teléfono, pero ese tono… era inconfundible. Arrastró la maleta al interior y cerró a su espalda, sumergiéndose en unas insondables tinieblas.

- ¿Qué haces a oscuras? – preguntó con su masculina voz.

- Esperarte… - un leve roce de tela acercándose acompañó a la femenina voz – suenas diferente.

- Tú también – intentó ubicarla en la oscuridad - ¿Dónde estás? – extendió una mano frente a él.

- Aquí… - dijo extendiendo la suya propia en su dirección, con los ojos más acostumbrados a la falta de luz.

Cuando sus dedos se tocaron y la tuvo localizada, la apresó por la muñeca atrayéndola hacia él hasta tenerla lo suficientemente cerca para oír sin esfuerzo el ritmo de su acelerada respiración, pero sin llegar a tocarla más.

- Mmmm… - inspiró profundamente tratando de identificar la fuente del embriagador aroma que le inundó la nariz - hueles de maravilla…

- Cambié de champú… - suspiró con una sonrisa que él no pudo ver – me alegra que te guste.

Notó sus dedos aflojar el agarre de su muñeca y deslizarse con suavidad por sus brazos. La piel de ella se erizó sin remedio y decidió imitarle en el gesto. Llevó sus manos hasta sus brazos y después de permanecer un segundo estáticos y sumidos cada uno en sus primeras impresiones, se fundieron al unísono en un cálido y esperadísimo abrazo.

- Hola – apreció con extrañeza la cantidad de pliegues que formaba la tela que cubría su cintura.

- Hola… - dijo ella mientras volvía a recolocar la tela y el roce llegaba a oídos de él.

- Abre la boca… - pidió agarrándola de ambos lados de la cara.

- ¿Para qué? – preguntó con tono inocente.

- Quiero comprobar que eres tú y no una impostora haciéndose pasar por ti – susurró a escasos milímetros de su perdición.

- Soy yo – sentenció ella, ya sin tanta inocencia, subiendo la cabeza y orientándola hacia sus labios.

- Abre la boca – exigió esta vez, desplazando las manos hasta su nuca y obligándola a elevar más la cara.

- ¿Acaso no me crees? – sus manos acariciaron sin ningún pudor su cintura en busca del apretado abdomen que sabía que tenia a escasos centímetros.

- Lo comprobaré de todos modos.

Ella obedeció y separó los labios dejando que los de él se posaran con lentitud sobre ellos. Encontrándolos suaves y jugosos, dejó que él marcara la cadencia del beso. Dejó que su lengua irrumpiera en su boca con una confianza que hasta a ella misma le sorprendió.

Perfecto.

Sin reparos, sin reservas, él exploró cada rincón de la boca tantas veces imaginada. Perdido como estaba en sus sensaciones, se dejó llevar por los felinos movimientos que ella ejecutaba para deshacerse de su chaqueta. Notó sus manos deslizarse por sus brazos cuando la prenda calló al suelo. Volvió a subirlas y bajarlas, sacando fácilmente los faldones de la camisa de la cinturilla de su pantalón, explorando a ratos las perfectas dunas que marcaban los músculos de su espalda.

Pero fue la presión excesiva de sus dedos en torno a sus caderas, bajo la camisa, lo que hizo que él la atrajera del todo a su cuerpo, notando por primera vez la suavidad de la extraña tela que la cubría.

Se separó de sus labios…

- ¿Se puede saber qué llevas puesto? – siseó seductor aventurándose a explorar un poco más, notando que ésta se ceñía floja en torno a su figura.

- Una sábana… - susurró ella recuperando el aliento y dejando que éste impactara en el hueco de su cuello.

- ¿Me estás diciendo… que no llevas nada más encima que esta… sábana?

- Ajá… - no le hacia falta verle para saber el brillo que tendrían sus ojos - ¿Te he escandalizado? – se acercó despacio hasta que el aire entre ellos resultó escasísimo.

- En absoluto – dijo metiendo una mano entre sus cuerpos – no esperaba menos de ti…

Se separó lo justo para poder deshacer el nudo que mantenía la tela en su sitio. La sábana calló sordamente a sus pies.

- Bienvenido… - susurró cerca de su oído.

Y él lo sabía, sabia que estaba desnuda ante él. Sin poder verla, pero desnuda. Podía sentir la calidez de su piel y el aroma que desprendía. Tragó en seco intentando poner en orden sus pensamientos. Oía su respiración a escasos centímetros, esperando que sucediera algo.

Esperaba sentir sus manos en cualquier momento.

- Mi pequeña…

Y de pronto las sintió…

Y de repente ella se despertó…

Miró con frustración el blanco techo de su habitación y se maldijo interiormente por no poder controlar los sueños que ese condenado actor de moda le provocaba.

- Algún día, don perfecto… algún día.


FIN


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5 COMENTARIOS :

  1. lo he publicado a modo de prueba para poner algunos textos largos, espero que no te importe, el blog por ahora esta cerrado solo lo podeis leer las pecoras... cuando acabe de hacer algunos arreglillos, le abrire... muacksss

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  2. Wooow... Nena, que vuelco me da el estomago viendo mis escritos entre libros de escritoras profesionales...!! Jejejeje
    Esta genial el blog y para nada me importa que utilices los fics ya publicados... Pero ni una palabra de "Flor de Agua" por favor...!! Que tengo como meta terminarlo este año 😉
    Un besazo

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  3. graciass... no te preocupes, no dire nada de nada... solo esta puesta la portada y una pequeña reseña, tu no te agobies... que esto va poco a poco shellan... muacksss

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  4. COmo siempre, las historias de Alada preciosas!!!

    Y pensar que todavía me queda leer la tercera parte de quellos que estaban en el foro crep... aiss, anda que no he dejado de lado los fics, pero tengo que terminarlos ya!

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  5. un placer poder publicarlos y darlos a conocer, son historias y preciosas y que no te dejan indiferente para nada... iremos sacando mas con el permiso de la autora... ;)

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